jueves, 28 de enero de 2010

El lugar donde no vuelan las palomas, Capítulo XXVI (2ª parte)-Los susurros de la muerte


No puedo describir con palabras lo que sentí. Era como una impotencia espantosa, culpa, incertidumbre, incredulidad. El auricular, que sostenía en la mano, resbaló y permaneció colgando, pendiendo de un hilo enrollado para no caer en el suelo. Me había quedado petrificada. No podía creer lo que acababa de oír.

-Emily, ¿te pasa algo?-preguntó Liza, extrañada.

Me di la vuelta bruscamente, liberándome de mi inmovilidad, y salí de la cocina, seguida por mi hermana.

-¡Em! ¿A dónde vas?

-Ven.-le ordené, cogiéndola por la muñeca, simplemente para que se callase y no alarmase al resto.

Cogí las llaves del coche y me metí dentro. En cuanto nos hubimos abrochado el cinturón, metí marcha atrás y aceleré todo lo posible para poder llegar lo antes posible a mi destino. Me salté un par de semáforos en rojo, mientras Liza gritaba una y otra vez:

-¿Qué coño te pasa? ¿Estás loca o qué?

Fingí que no la había escuchado. En mi mente, solamente había un pensamiento vigente, que intentaba, sin éxito, tranquilizarme. “Es mentira. Tiene que ser mentira. Debe ser un error”. ¿Realmente lo sería?

Aparqué en la puerta misma del hospital St. Bleeding Mary, en doble fila. No era un buen momento para ponerme a hacer maniobras para aparcar. Entre corriendo, sin haber cerrado con llave el coche. Me planté delante de la recepcionista, jadeando, nerviosa.

-¿La habitación de Terence Grives?-pregunté, susurrando. Ni yo misma me creía que estuviese diciendo esas palabras.

Esperaba escuchar una respuesta como “aquí no hay ningún Terence Grives”. No me importaba que me tomase por loca. Aunque, después de ojear el registro en el ordenador, su respuesta fue otra.

-La 272

Me estremecí. Subí las escaleras apresurada, escuchando los pasos de mi hermana siguiéndome. Al llegar arriba, ella consiguió agarrarme por una muñeca y detenerme.

-¡Emily, dime de una vez qué pasa!

Ella también estaba irritada. Me mordí los labios. Lo negué con la cabeza, se lo negué, me lo negué a mí misma. Dejó entonces que prosiguiese mi camino. De repente, me vi enfrente de aquella puerta. Me cercioré de que era el mismo número. 272, no había la menor duda. Desvié la vista hacia el picaporte, cuyo aspecto me pareció cercano al de una espada, que me heriría si lo hiciese girar. Posé la mano en él. Confié en abrir la puerta y descubrir que no era él, que simplemente se habían equivocado. ¿Cuántas serían las posibilidades de que eso ocurriese? Me puse nerviosa. Por un lado, no quería ver lo que había detrás de aquella puerta, pero por otro lo deseaba, para poder acabar con la incertidumbre de una vez. Liza avanzaba lentamente por el pasillo, mirándome. Esperaba que tomase alguna decisión, y que pudiese por fin saber lo que le escondía. Pensé que quizás sería mejor dar la vuelta e irme, pero ahora que había llegado hasta allí, no me marcharía sin saberlo.

Me armé de valor. Dejé que por un momento actuase mi frialdad. Giré el picaporte en un movimiento seco. Abrí la puerta. Se detuvo mi respiración. Silencio.

Dejé caer mis brazos a lo largo de mi cuerpo. Sentí como si mi corazón se hubiese desgarrado al ver lo que vi. Era él, ¡él! No se movía. No quise cerrar los ojos, no podía, necesitaba saber ciertamente que era Terry. No. No podía serlo. Llegó entonces Liza. Quizás ella podía observarlo objetivamente. Se le encharcaron los ojos de lágrimas. Se tapó la boca con ambas manos.

-Es… Es… ¡Oh, Dios!-balbuceó.

No me cupo ninguna duda. Era cierto. Terry, mi Terry, se moría, se estaba muriendo. Me dejé caer en el suelo de rodillas. Cuando golpearon el suelo, un gran estremecimiento recorrió mi cuerpo. Jadeé, no me llegaba el aire. Mis manos se aferraron a mi cabeza, buscando algo seguro. Sentí que me palpitaba el corazón con fuerza, me producía dolor, se me oprimía. Quise llorar, pero no podía ni arrancar las lágrimas. Estaba muerta; todavía respiraba, pero ya no había vida dentro de mí.

-Emily… Emily-decía Liza gimoteando. Lloraba y lloraba y gemía y gemía.- ¡Emily!

Quise volver a mirarle. Necesitaba cerciorarme de nuevo. Le salían cables de todos lados, como si fueran serpientes, devorándolo y matándolo con su veneno. Quise acercarme a él, acariciarle, tocarle, poder sentir que seguía vivo, pero mis piernas no me respondían. Solté un sollozo desde lo más hondo de mi pecho. Quizás ese era el último resto de vida que había en mí. Me había quedado completamente vacía por dentro. De repente, escuché pasos. Supuse que sería algún médico, con lo cuál me levanté apresurada y me giré hacia la puerta. Efectivamente, un médico nos miraba. Seguramente estaría esperando a que me calmase, para poder hablar con él. Me acerqué, y lo miré con los ojos húmedos.

-Qu… ¿Qué le ha…?... ¿Qué le ha pasado?-no era capaz de pronunciar una frase, era como si se me cerrase la garganta.

-Ha sufrido un disparo que le segó una arteria. Gracias a Dios hemos conseguido extraerle la bala, pero la hemorragia era demasiado fuerte. Siento comunicarle que se encuentra en coma.

Comencé a temblar. Bajé la vista. ¿En coma? Podría quedarle alguna esperanza.

-¿Quién le hizo esto, joder, quién?-grité, manchándome las manos de la sangre que brotaba salvajemente de mi nariz.

-No podemos saberlo, señorita.

Era obviamente absurdo preguntárselo. Aún así, pude escupirle, llena de rabia:

-Ustedes nunca saben nada.

Me fui de allí, pisando fuerte. No podía estar allí ni un solo segundo más.

-Emily…-dijo mi hermana. Lloraba. Me agarraba por un brazo. No quería que la dejase sola.

Pero esta vez necesitaba la soledad.

-Déjame, joder.-me temblaba la voz, las piernas. Estaba ¿llorando? Supongo que mis ojos todavía albergaban en ellos algo de esencia vital.

Aceleré el paso cuando me vi en el pasillo, bajo la atenta mirada del médico, de todos los sanitarios, de mi hermana. Me dirigí hacia la puerta de entrada. Ahora no sólo emanaban lágrimas de mi cuerpo, sino también sangre. Normal que estuviese sangrando; nunca había estado tan nerviosa, tan triste, como ahora. Impotencia era lo que sentía, porque, ¿qué iba a hacer? Esperar. Esperar a que sucediese un milagro. Preguntarme todo el rato “¿y si…?”. No. No va a pasar. Ese es el peor dolor que existe.

De repente, cuando llegué a fuera y pude, al fin, respirar aire puro, un hombre me cogió por un brazo. Me di la vuelta bruscamente, todavía llorando y sin limpiarme de la sangre. Pensé que quizás había pensado que me encontraba mal.

-Te he visto salir de la habitación de Grives.-dijo, con una voz cavernosa y profunda.

Su mirada fría y metálica se clavó en la mía, que translucía el terror y la curiosidad que me producía, no sólo su repentina presencia, sino el hecho de conocer a Terry.

-¿Quién eres?-pregunté.

-Debes ser Emily.-dijo, ajeno a mis palabras. Me puse nerviosa al saber que también sabía mi nombre.- Terry me ha hablado de ti.

-¿Que te ha…?

-Eras la niña de sus ojos. Qué pena que ahora esté así, ¿no? Pero bueno, son gajes del oficio.

¿Oficio? ¿Qué oficio? Me abstuve en preguntar, estaba demasiado asustada.

-Por cierto, no sé si Terry te lo ha comentado, pero me debe dinero. Por la cara que pones, supongo que no sabías nada, ¿me equivoco? Son 5.000 dólares. Vendré al hospital a recogértelos el lunes. Espero por vuestro bien que los tengáis.

No contesté. No me parecía una pregunta adecuada que hacer en un momento así, a una persona que ni siquiera conoces, por mucho dinero que te deba. Temí, por un momento, que ese dinero fuese con el que Terry pagó mi tratamiento. En ese momento, el desconocido me tocó la nariz con una de sus recias manos, y me miró, como si él fuese un ser superior, que ejerciese control sobre mí.

-Estás mucho más buena de lo que imaginaba. Y si te quitas la sangre de la cara, estás para comerte todo el coño.

Lo aparté de mí con fuerza. No quería seguir oyéndole hablar. No quería ni verle. Tan sólo era una persona cualquiera, que podría convertirse, por razones que escapaban a mi comprensión, en mi sombra a partir de entonces. Me fui. Necesitaba apartarme de aquel lugar. Quería olvidarme de todo. Comencé a vagar por la calle sin rumbo. Dios sabe a dónde iría a parar.


(Sigue en la tercera parte =3)

2 comentarios:

  1. Destino de Sombras29 de enero de 2010, 7:35

    Que fuerteeee !!! mas mas!1 no me puedes dejar así!! T.T Es increible.. que asqueroso el tio ese.. Pobre Emily, ¿ En qué está metido Terry!?!?!? Avisaaa :D
    un beso :)

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